“Mi experiencia en Escuela Santa María”, Columna de Daniela Hernández

La primera vez que supe de la existencia de algo llamado “Escuela” fue cuando iba por, quizá que pasillo de la U, y estaba ese papel chiquitito rectangular que solo dice Escuela Santa María. Lo malo es que no me daba ninguna información, sólo lo encontré llamativo, así que seguí de largo mi camino.

Tiempo después, supe que mi amiga coterránea se había unido a Escuela Santa María. Súper sorprendida le pregunté de que trataba, ya que había quedado intrigada desde el día del papelito, pero tuve miedo de unirme, pues al ser mechona ni idea de que podía llegar a enfrentar.

A un año ya de esto, esta simpaticona me ofrece unirme a Escuela Santa María como tutora del Departamento de Matemática. Yo, ya con algo más de costumbre de lo que es estudiar en la UTFSM, acepté con ganas y siendo sincera, motivada por la idea de ganar PA.

Inicié un día lunes. La tutoría se llevaría a cabo en el Liceo Industrial de Valparaíso. Con los nervios de novata, quise poner lo mejor de mi y dar una buena impresión a quienes serían nuestros alumnos.

Me tocó cumplir la labor con una sola niñita de primero medio. La hora pasó volando. Cuando terminó, sentí que disfruté explicarle y enseñarle matemática a esa niñita. Noté que al terminar, ella sabía un poco más.

Una vez ya fuera del liceo, supe que mis deseos de volver estarían intactos o quizá mayores para la semana siguiente.

Y así fue.

Con las semanas aumentó el número de niños por tutor. No tuve nervios. Me gustó el desafío.

Me gustó hacer de mis tutorías unas tutorías dinámicas, participativas, donde cada niño del grupo explicara a sus pares con sus propias palabras lo que sabía, que ellos detectaran sus errores, que si no sabían yo les enseñara. No soy de la idea de bombardear a un escolar con información sin preocuparme de que no la procese, me interesa que el cabro sepa de lo que estamos hablando. Fue grato darme cuenta de que la mayor parte del tiempo captaba su atención, me escuchaban y conseguía que entendieran lo que en su clase del liceo no hacían.

Luego, acepté ejercer tutorías a niños de segundo medio los días viernes en el mismo liceo. Yo feliz por supuesto.

Eran menos asistentes que los de los días lunes, pero aquello hizo que la relación con ellos fuera un poco más cercana. No pensé que disfrutaría aún más las tutorías. Los escolares me parecen geniales, tienen un carisma y una picardía propia de ellos, son tan ocurrentes. Me hicieron recordar mi propia estadía en el colegio hace un tiempo atrás.

Ahora, estas últimas clases con segundo medio me tienen tranquila, pues he notado el progreso de los niños, que a pesar de que reconocen no estudiar mucho, con la atención y paciencia que les he dedicado han captado lo suficiente como para saber resolver los ejercicios de las guías.

Hoy, llegando a fin de semestre de Escuela, puedo decir que, si hipotéticamente no perteneciera a la iniciativa y me ofrecieran unirme por primera vez, aceptaría definitivamente aunque no haya incentivo alguno, como el aumento de la PA.


Daniela Hernández
Tutora Departamento de Matemáticas

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